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Un tribunal británico ha dado su autorización para que se notifique una orden judicial a través de Twitter. El destinatario es un usuario de identidad desconocida que se hace pasar por Donal Blaney, un conocido bloguero de ideología conservadora. Se trata de un comportamiento prohibido por las condiciones legales de la popular red social y por la legislación general.
El tribunal ordena al usuario que revele su verdadera identidad y cese en su conducta. El agraviado - el auténtico Donal - podría haber seguido el método convencional, es decir, podría haberse dirigido a un juzgado local para que enviase una comisión rogatoria a través de las autoridades norteamericanas a la sede de Twitter en California, pero optó por la vía rápida, y más inteligente: enviar el mandamiento directamente a través de Twitter.
También es verdad que la legislación británica, mucho más flexible que la española, permite practicar notificaciones a través de fax o correo electrónico. En todo caso, no creo que el sistema pueda importarse nunca a nuestros carpetovetónicos y pleistocénicos juzgados, por mucho plan de modernización (sic) que nos anuncien los sucesivos ministros del ramo.
Y ello por un solo motivo. Teniendo en cuenta que los jueces llegan a la carrera en España después de una oposición basada en memorizar miles - si no millones - de líneas de texto, y en cantarlos a continuación durante horas, no hay un solo juez español que sepa expresar una idea por escrito en menos de 140 caracteres.
Dicho sea con todo cariño y animus iocandi a los lectores de este blog que me consta que pertenecen a la judicatura, y a quienes invito a rebatirme dejando un comentario a esta anotación ... en menos de 140 caracteres ;-)
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