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No ganamos para sustos. Tras la chapucilla del aviso legal corta+traduce+pega de Google Chrome, leemos este articulo de Valleywag (vía Slashdot) que nos anima a examinar otro de esos textos que son como el boletín oficial de la provincia: nadie los lee, salvo cuando es ya demasiado tarde. En este caso, las Condiciones de Uso de Facebook, en su versión española, nos dejan un tanto estupefactos.
El celebérrimo sitio de intercambio social impone la siguiente cláusula a sus usuarios, utilizando un simpático tuteo (las negritas son mías):
Al publicar el Contenido de Usuario en cualquier parte del Sitio, otorgas automáticamente a la Compañía, y manifiestas y garantizas que tienes derecho a otorgar a la Compañía, una licencia irrevocable, perpetua, no exclusiva, transferible, plenamente desembolsada y mundial (con derecho de sublicencia) para usar, copiar, reproducir públicamente, mostrar públicamente, reformatear, traducir, obtener extractos (totales o parciales) y distribuir dicho Contenido de Usuario para cualquier fin, ya sea comercial, publicitario o de otro tipo, en relación con el Sitio o la promoción del mismo, para preparar trabajos derivados de dicho Contenido de Usuario o incorporarlo a otros trabajos, y para otorgar y autorizar sublicencias de lo anterior.
Dicho de otra manera, todas las fotos que subas a Facebook, incluidas las de tu viaje a Mallorca, la cena con los amigos, o tu colección de insectos, pueden ser explotadas económicamente por Facebook. No creo que a Facebook le interese comercialmente convertirse en una agencia de fotos, pero podría hacerlo al amparo de la citada estipulación. De todos modos, si lo hiciere, no tardarían en caerle pleitos en supuestos en los que, por ejemplo, quien suba la foto no sea el titular último de los derechos de autor, o que aparezcan los rostros de personas sin su autorización, vulnerando el derecho a la protección de la propia imagen.
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